miércoles, 29 de febrero de 2012

4. ¿Despertar con Mike?


Un nuevo amanecer

Lentamente abrí mis ojos, y contemple la esplendida claridad que entraba en la habitación a través de las ventanas, parecía como si un ángel estuviera entrando en la habitación.

Un Ángel, ummm... Que ocurrencia.

Me quede acostada pensando, recordaba todo como si hubiese sido tan solo ayer.

"-Tu sabes lo que quiero, ya te lo dije. - le dije.

- Perdóname Serena, pero no estoy dispuesto a esto de volver a pasar por lo mismo de antes, que no sabríamos donde nos íbamos a ver. - el respiro hondo. - Tampoco estoy dispuesto a soportar más humillaciones, como aquella que me hizo tu mamá. Pero algo si te juro Serena, si estas soltera después de los diez y ocho años me casare contigo.

El no le caía bien a mi madre, y esa fue la razón por la cual no pudimos estar juntos, el y yo lo habíamos intentado una vez, pero casi nunca nos veíamos, y era horrible verse a escondidas.

- Espero que esto que me estás diciendo no haya sido influido por otra persona, pero... ¿Puedo pedirte algo? Seamos amigos, no quiero perder la comunicación contigo. - le dije.

Esa fue la última conversación seria que él y yo habíamos tenido, luego solo hubieron unas cuantas a través de mensajes de texto o llamadas, a través del teléfono de alguno de sus hermanos, pues a él no le gustaban los teléfonos celulares, luego el se había ido a estudiar en otra ciudad.

Y el año próximo al año en que el se había marchado de nuestra ciudad natal, yo también me marche a otra ciudad a estudiar medicina.

La ciudad donde él se encontraba, estaba a más de siete horas de donde yo estaba viviendo, pero muchas veces me provocaba tomar un autobús e irme para solo estar cerca de él; pero nunca fui lo suficientemente atrevida para hacerlo.

Hable con él un par de veces más, a través de una red social en internet, pero era imposible hasta mantener una relación amistosa así, y por todo lo que se había presentado dejamos de contactarnos. "

Volví a la realidad cuando Corina se había despertado a gritos.

- ¿Dónde está? - ella lloraba, y yo no entendía la razón.

- ¿Donde está qué o quién? - le pregunte.

- ¿Donde está Mike? - ella de repente dejo de llorar y empezó a reír. - Esto no es justo, yo quería despertar con un chico a mi lado, no contigo como todos los días.

Yo reí a carcajadas.

- Si eres tonta. - dije acercándome para sentarme en su cama. - Todos los domingos debías amanecer no se en donde, durante todos estos años estudiando juntas. Nunca amanecías aquí los domingos.

- Serena es que tampoco podía ser una aburrida. - me dijo y rio. - así como tú, aguafiestas, ¿Por qué no te quedaste hasta el final ayer?

- Corina entiéndeme, estar ahí tan cerca de él, me hacía daño. - le dije bajando la mirada al suelo.

- No te hubiese hecho daño si no hubieses dejado que se despegara de ti. - dijo. - A ti seguro ya se te han olvidado todas las formas de atar a un chico.

- Pues si, tal vez se me hayan olvidado. Porque a todo el que me buscaba lo rechazaba. - dije.

- ¡Lo sé! Estás loca, y fueron tantos guapos. - se hecho a reír.

Ella aun estaba algo afectada por el alcohol, si, solo algo, porque el resto del tiempo ella siempre era así, muy... Hiperactiva.

- Pero dios, ya sea porque los rechazabas. - dijo y me jalo del brazo. - Estas demasiado enamorada del doctorcito.

- No le digas así por favor. - yo prefería a que le dijera Ángel. - Nosotras ya somos Doctoras.

- Esta bien, no seas celosa. - ella se levanto de la cama. - Iré al baño, pero luego me contaras que paso cuando ibas saliendo de la fiesta, pude ver que te siguió ¡Seguro se besaron!

Ella entro al baño y desee que no saliera, cuando se enterara que solo se me acerco para darme su tarjeta de presentación me cachetearía.

Cuando salió, se quito la ropa delante de mí y se puso otra, ya estaba acostumbrada, no era sorpresa que Corina no me tuviera ni la mínima pena, llevábamos seis años conociéndonos.

- Bien, ahora dime que paso. - se sentó a un lado de mi.

- Solo me entrego esto. - le dije agarrando la tarjeta de la mesa de noche y tendiéndosela.

- ¿Mas nada? - me dijo devolviéndola.

- Nada. - le dije.

- Te matare. - me dijo.

«Seria una buena idea» pensé.

- Si te hubieses quedado tal vez hubiese pasado algo más. - me dijo. - eres una tonta, el paso toda la noche caminando de aquí para allá, o sentado en la barra con un vaso de agua, ¡Un vaso de Agua! Y lo peor de todo es que se la paso solo.

3. Buenas Noches


Yo mire desconsolada a Corina, lo había tenido tan, pero tan cerca, y no había hecho nada, absolutamente nada, me sentía tonta, me sentía de quince años otra vez.

Me levante de donde estaba sentada y empecé a caminar hasta la salida.

Sentí unos pasos detrás de mí y me voltee.

- Corina, ni lo intentes, me largo de aquí. - grite mientras me volteaba, pero no era ella, era Ángel.

- Ummm... Si así lo quieres. - dijo él.

- Disculpa, pensé que eras... - el me interrumpió.

- Tranquila lo sé, se me olvido darte esto. - me tendió una tarjeta de presentación ¿acaso necesitaba conocerlo más de lo que lo conocía? - Si me necesitas solo llámame.

- Veo que ya utilizas teléfonos. - reí.

- Si, desde hace ya algún tiempo. - me dijo y señalo que ahora si debía irse, yo asentí y él se marcho.

Después que estuve lo bastante alejada de esa fiesta, me senté en un banco cerca de los dormitorios, y las lagrimas corrieron a través de mi rostro.

Tantos años habían pasado y yo no podía olvidar a aquel personaje que me había hecho tan feliz y tan triste en mi adolescencia.

- Eres una Tonta Serena. - pensé en voz alta. - Otra en este momento debe de estar caramelandolo*, si, lo más probable, y como él no puede resistirse al hecho de que todas estén derretidas por él, no la rechazara. Y yo aquí sentada llorando como la propia estúpida.

Me quite los tacones, me levante y comencé a caminar con ellos en la mano hasta llegar a mi habitación.

Estaba exhausta, yo no había estado preparada para nada de lo que había pasado en esa fiesta.

Contemplaba la tarjeta que él me había dado, mientras estaba acostada en la cama; ya me había quitado la ropa y colocado una pijama.

“Dr. Ángel G. Gómez L. Número de Teléfono Personal: 0412-5622-216; Numero de Oficina: 0269-0869-652”

Leila la tarjeta una y otra vez, una y otra vez; tome mi teléfono y anote en él, el numero personal del que una vez había sido el amor de mi vida, y aun con ilusiones de niña esperaba que lo siguiera siendo, pero era imposible, lo más probable es que él ya me hubiera olvidado, y hace más de lo que yo podía imaginarme.

Cuando mi compañera de habitación, Corina, llego, sentí un innumerable ruidaje, tal vez se estuviera tropezando con todo, y para tratar de hacerle un favor encendí la luz.

Y si, ahí estaba ella, pero venia en brazos de un chico Alto, blanco, y buenmozo.

- Serena... - escuche su voz mientras el chico la bajaba para que sus pies tocaran el suelo. - El es Mike, es guapo ¿no?, es de la sección F, ¿puedes creerlo?

Por supuesto que lo creía, y también creía que ella había bebido mucho y necesitaba darse un baño.

- ¿Puedes cargarla de nuevo? - le pregunte al chico.

- Claro, ¿la llevo hasta algún lugar? - me pregunto.

Yo abrí la puerta del baño y le señale la ducha, él la sentó dentro y yo abrí la llave, cuando el agua empezó a caer, ella pego un gritico.

Yo guie al chico a través de la habitación.

- Te puedes ir, muchas gracias, tanto ella como yo te agradecemos que la hallas traído. - dije. - Se comunicara contigo, no te preocupes. - le dije mientras salía de la habitación.

Me aproxime a entrar al baño y Corina cantaba una de esas canciones desagradables que no podían gustarle a nadie más que a ella.

Cerré la llave del agua y le tendí una toalla.

- Vamos, sécate, cámbiate, y luego a dormir, ¿está bien? - le exigí.

- Si, mamá. - respondió sarcásticamente.

Yo me acosté en mi cama y apague la luz.

*Caramelandolo: Tratando de conquistarlo.

martes, 28 de febrero de 2012

2. El Encuentro


Yo estaba sentada en la barra, con un trago en mi mano, y me aproxime a tomarlo lo más rápido que pude.

Cuando tuve el coraje de levantarme y salir en camino a encontrarme con él, sentí unas manos en mis hombros, me di vuelta, era corina, que me miro angustiada.

- Es él. - le dije y me senté de nuevo.

- No puedo creerlo, todo este tiempo, y nunca me dijiste nada. - me dijo ella. - nunca me quisiste decir su nombre, ¡oh, por Dios! ¡Ángel Gómez fue tu primer amor! - grito y yo le tape la boca.

- Corina por favor, no grites, todos te escucharan. - le rogué.

- Que me escuchen, ¡Todas te envidiaran! Tú también fuiste el primer amor de él, por dios, que romántico. - dijo esta vez en un tono más bajo.

- Él ya no debe recordar eso, ya fue suficiente, me quiero ir. - dije.

- Pues no lo sé, él viene hacia acá. - dijo viendo hacia detrás de mis espaldas.

¿Qué? ¿Él venía hacia acá? ¿Me abría visto? ¿Me abría reconocido?

- Me das un agua mineral y un vaso con hielo por favor. - escuche su voz detrás de mi, la expresión de mi rostro no debía ser normal, sentía que me desmayaría.

- ¡SERENA! - grito Corina. - Como te decía chica, el muy tonto se me ha declarado.

- ¿Que diablo...? - ella hizo un gesto para que le siguiera la corriente. - aja, sigue. - le dije.

- Pues sí, SERENA, el muy tonto se arrodillo ante mí, y me pidió que por favor no lo rechazara, que hombre tan loco, ¿Verdad, SERENA? - ella pegaba un gritico con cada vez que pronunciaba mi nombre.

- Si, muy loco. - dije yo, sin expresar ni la mínima emoción.

De repente vi que el bartender le serbia el vaso con hielo.

- ¿Estás bien? Te ves algo pálida. - me dijo el bartender.

- Hu-Hum. - murmure yo.

- Disculpen, ¿Me podrían decir qué hora es? - dijo Ángel o el Doctor Ángel, como le decían todos.

Yo me paralice al verlo a los ojos, y note que pudo reconocerme.

- Yo no llevo reloj, ¿y tu Serena? - me pregunto Corina, pero parecía como si nunca hubiese dicho nada, él y yo nos estuvimos mirando por un largo minuto.

- Serena. - Escuche murmurar a través de sus labios, sus muy rojos labios.

- Ángel. - respondí yo.

- Pero mírate, que hermosa estas. - me dijo, sentí que el resto de la fiesta de desvanecía tras nuestra muy pequeña charla, desaparecía Corina, Desaparecía el chico que atendía en la barra, y desaparecían todos los universitarios locos que bailaban y gritaban.

- Gracias, - trague saliva. - tú no estás nada mal. - le dije, se veía grandioso, aunque no había cambiado mucho, solo era... Más hombre.

- ¿Estas estudiando medicina? - pregunto, parecía sorprendido.

- De hecho, yo también me graduó en un mes. - le dije.

- Oh, entiendo, felicidades. - me dijo cortésmente, no quería que fuera cortes, quería que en ese mismo instante me diera un beso de esos fieros que solía darme.

- Señor aquí esta su agua. - dijo el bartender.

- Gracias. - murmuro él.

- Wow, Ángel Gabriel, veo que sigues sin beber mucho ¿eh? - dije, tratando de buscar que nuestra charla se alargara.

- De hecho, ahora lo hago menos que antes, ser Medico me ha cambiado mucho. - mientras él hablaba, escuche a tres chicas de otro curso hablando de que tan guapo era él, y sentí pena por ellas, ¿no podían ser un poco más discretas?

- Oh, eso está bien. - le dije, no tuve otra ocurrencia.

- Supongo. - dijo. - Bueno... Fue agradable hablar contigo de nuevo, tengo que seguir saludando a las personas de la fiesta, tal vez nos veamos pronto, estaré aquí hasta el día de su graduación.

- Claro, hasta luego. - fue lo único que se me ocurrió decir.

1er Capitulo. ¡No Iré a esa fiesta!


Este era mi último día en la universidad, era el final de una etapa en mi vida, y el comienzo de otra, era un día normal, pero todos estábamos muy entusiasmados, ya habíamos acabado de estudiar medicina, pero aun nos faltaba muchísimo por recorrer; faltaba un mes para la graduación, pero este día marcaba el final de nuestros estudios.

- Serena ¿nos acompañaras esta noche a la fiesta que hará Paola Henderson? - pregunto una de mis amigas ese día.

- Sabes que no voy a fiestas. - dije.

- ¡Vamos Serena! Olvida todo eso que viviste, eso ocurrió hace mucho, deberías dejar de someterte tanto, la vida sigue. - menciono.

- ¡Corina no puedo! - dije y tome un respiro. - Yo aun lo espero, y seré fiel a él.

- Él no te pidió que dejaras de divertirte, o ¿sí? - dijo ella. - ¿Serle fiel? Serena, han pasado muchos años desde que no lo ves...

- Y hace más de tres años que no se de él. - interrumpí. - Pero no importa, yo lo esperare, mientras, me dedicare a mi carrera.

- Eres una tonta. - me dijo y arrojo una bolsa de compras sobre una de las camas del dormitorio. - Me tome la molestia de comprarte esto para que lo usaras hoy, pero ya que eres una aguafiestas úsalo cuando se te plazca.

- ¿Tú estás loca? - le pregunte, enojada. - ¿para qué me compras cosas?

- Cosas no, es un vestido, y te lo compre porque quería que me acompañaras, pero veo que es imposible. - dijo y se encerró en el cuarto de baño.

Me hubiese gustado ir a esa fiesta, de la que todo el mundo se la paso hablando durante toda la semana, pero no podía hacerlo, me había prometido a mi misma desde que tenía tan solo quince años que no iría a una fiesta hasta que él, regresara a mí.

Cuando Corina salió del baño vestida como una princesa, muy moderna claro, me dio mucha envidia, quería romper mi promesa, tal vez ya fuera tiempo, ya habían pasado siete años desde aquello, y él nunca había vuelto.

- Estas preciosa. - le dije mientras ella se bañaba en perfume.

- Tú también lo estarías si no fueras tan intensa. - dijo mirándose al espejo.

Cuando ella se dirigió a la puerta para salir de la habitación me dijo unas palabras que hicieron que cambiara completamente de decisión:

"Te perderás de Conocer Al papacito del Doctor Gómez, del que todas las de los otros cursos han estado hablando, dicen que es muy guapo, pero demasiado entregado a su profesión y eso que solo lleva un año de graduado ¿Sorprendente no?"

¿El Doctor Gómez? Ese era el apellido de aquel amor que me hizo prometer no volver a ir a una fiesta, y recuerdo que el quería estudiar medicina en aquellos tiempos.

- ¡Corina espera! Me arreglare. - salió de mi boca.

- Sabía que irías al final. - dijo y le dirigí una mirada hostil.

Me duche lo mas rápido que pude, me puse el vestido que Corina había comprado para mí y sorpresa... ¡Era blanco! Hasta un poco más arriba de la rodilla.

- Has milagros con mi rostro. - le dije a Corina para que me maquillara.

- Tu estas bien así natural, pero... Está bien, igual no tengo que hacer mucho. - eso me gustaba de ella, siempre me subía la autoestima.

Cuando llegamos a la fiesta me sorprendí mucho, habían muchas personas, estaban todos los cursos de medicina que se graduarían en un mes, e incluso había mas gente.

- También están los que pasaran al último semestre este año ¿grandioso, no? - me dijo Corina tratando de animarme.

Pase toda la noche buscando con la mirada ese rostro que deseaba ver desde hace siete años atrás.

- ¿Que tanto buscas? - pregunto Corina por quinta vez, luego de todos los intentos fallidos que tuvo sin que yo le respondiera.

- A ese tal Doctor del que me hablaste. - le dije, ya algo cansada.

- ¡Ah! Entonces esa es la razón por la que viniste. - ella se quedo pensativa por unos instantes. - ¿No y que le serias fiel al fulano aquel?

- Es que este Doctor puede que sea el fulano aquel, como tú lo llamas. - le dije, sentí que mis mejillas ardían.

- No puede ser, porque he escuchado que este doctor se acuesta con todo lo que le pase por el frente, pero y que no quiere a ninguna, parece que ninguna es lo suficientemente buena para él. - cuando ella me dijo eso sentí una gran presión en mi pecho. - Llegara más tarde supongo, ya sabes cómo son algunas cosas.

Pasó una hora, y parecía la más larga de mi vida, todo el mundo bailaba excepto yo, que prefería quedarme sentada, lamentándome, de que hubiese sido mejor quedarse en la habitación abrazando a mi almohada.

Paso otra hora, y no me quedo otro remedio que tomarme aunque sea un trago para apaciguar todo lo que estaba sintiendo.

De repente la música se apago, y la anfitriona de la fiesta tomo un micrófono.

- Bueno chicos y especialmente chicas, ha llegado el momento que todos, o... Todas, han estado esperando, recibamos con un fuerte aplauso al Doctor Ángel Gómez. - Dijo Paola Henderson; y a todos empezar aplaudir, salió aquel hombre, y yo me quede viéndolo con una expresión atontada, era él, no había cambiado mucho, solo que ahora vestía de traje, y solo recordaba haberlo visto una vez así.

- Buenas Noches a Todos, ante todo quiero felicitarlos, ya falta nada para que todos tengan en sus manos sus títulos de Médicos Cirujanos, espero que la estén pasando bien, y sigan haciéndolo, muchas gracias. - dijo él, era su voz, seguía siendo su misma voz.