
Yo estaba sentada en la barra, con un trago en mi mano, y me aproxime a tomarlo lo más rápido que pude.
Cuando tuve el coraje de levantarme y salir en camino a encontrarme con él, sentí unas manos en mis hombros, me di vuelta, era corina, que me miro angustiada.
- Es él. - le dije y me senté de nuevo.
- No puedo creerlo, todo este tiempo, y nunca me dijiste nada. - me dijo ella. - nunca me quisiste decir su nombre, ¡oh, por Dios! ¡Ángel Gómez fue tu primer amor! - grito y yo le tape la boca.
- Corina por favor, no grites, todos te escucharan. - le rogué.
- Que me escuchen, ¡Todas te envidiaran! Tú también fuiste el primer amor de él, por dios, que romántico. - dijo esta vez en un tono más bajo.
- Él ya no debe recordar eso, ya fue suficiente, me quiero ir. - dije.
- Pues no lo sé, él viene hacia acá. - dijo viendo hacia detrás de mis espaldas.
¿Qué? ¿Él venía hacia acá? ¿Me abría visto? ¿Me abría reconocido?
- Me das un agua mineral y un vaso con hielo por favor. - escuche su voz detrás de mi, la expresión de mi rostro no debía ser normal, sentía que me desmayaría.
- ¡SERENA! - grito Corina. - Como te decía chica, el muy tonto se me ha declarado.
- ¿Que diablo...? - ella hizo un gesto para que le siguiera la corriente. - aja, sigue. - le dije.
- Pues sí, SERENA, el muy tonto se arrodillo ante mí, y me pidió que por favor no lo rechazara, que hombre tan loco, ¿Verdad, SERENA? - ella pegaba un gritico con cada vez que pronunciaba mi nombre.
- Si, muy loco. - dije yo, sin expresar ni la mínima emoción.
De repente vi que el bartender le serbia el vaso con hielo.
- ¿Estás bien? Te ves algo pálida. - me dijo el bartender.
- Hu-Hum. - murmure yo.
- Disculpen, ¿Me podrían decir qué hora es? - dijo Ángel o el Doctor Ángel, como le decían todos.
Yo me paralice al verlo a los ojos, y note que pudo reconocerme.
- Yo no llevo reloj, ¿y tu Serena? - me pregunto Corina, pero parecía como si nunca hubiese dicho nada, él y yo nos estuvimos mirando por un largo minuto.
- Serena. - Escuche murmurar a través de sus labios, sus muy rojos labios.
- Ángel. - respondí yo.
- Pero mírate, que hermosa estas. - me dijo, sentí que el resto de la fiesta de desvanecía tras nuestra muy pequeña charla, desaparecía Corina, Desaparecía el chico que atendía en la barra, y desaparecían todos los universitarios locos que bailaban y gritaban.
- Gracias, - trague saliva. - tú no estás nada mal. - le dije, se veía grandioso, aunque no había cambiado mucho, solo era... Más hombre.
- ¿Estas estudiando medicina? - pregunto, parecía sorprendido.
- De hecho, yo también me graduó en un mes. - le dije.
- Oh, entiendo, felicidades. - me dijo cortésmente, no quería que fuera cortes, quería que en ese mismo instante me diera un beso de esos fieros que solía darme.
- Señor aquí esta su agua. - dijo el bartender.
- Gracias. - murmuro él.
- Wow, Ángel Gabriel, veo que sigues sin beber mucho ¿eh? - dije, tratando de buscar que nuestra charla se alargara.
- De hecho, ahora lo hago menos que antes, ser Medico me ha cambiado mucho. - mientras él hablaba, escuche a tres chicas de otro curso hablando de que tan guapo era él, y sentí pena por ellas, ¿no podían ser un poco más discretas?
- Oh, eso está bien. - le dije, no tuve otra ocurrencia.
- Supongo. - dijo. - Bueno... Fue agradable hablar contigo de nuevo, tengo que seguir saludando a las personas de la fiesta, tal vez nos veamos pronto, estaré aquí hasta el día de su graduación.
- Claro, hasta luego. - fue lo único que se me ocurrió decir.
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